El Espíritu Andariego de Sarmiento: su origen. Por G. Ellaouri Obligado.

El Espiritu Andariego de Sarmiento


"La lectura de estas líneas fue un viaje inmediato hacia la nostalgia; me devolvió a las aulas de quinto grado en la escuela Juan Bautista Alberdi de Córdoba. Allí, entre tizas y pizarrones, mi maestra nos relató —con su impronta única— la historia del padre de Sarmiento. Hoy rescato del olvido aquel relato sobre el 'espíritu andariego' del gran maestro, una herencia vital que lo impulsó a recorrer el mundo y a transformar nuestra nación en el reflejo de la civilización en Sudamérica."

La nota se publicó en 1941 en la revista N.º 8 de Policías y Comunas, que apareció en mi biblioteca. 

Su Origen.

Por G. Ellauri Obligado.

En todos los escritos que hay sobre Sarmiento, se han publicado, al referirse sus autores a su infancia; todos han cantado loas a su santa y buena madre, doña Paula Albarracín, por la influencia que esta preclara matrona tuviera en la formación de sus virtudes morales.

Y en esto han estado en lo cabal.

Pero, ¿algo han dicho acerca de su señor padre? No.  No obstante ello, podemos decir y sin temor de pecar de exagerados que Sarmiento heredó el carácter de su progenitor. Y si no, veamos: 

Don José Clemente fue un hombre que siempre estuvo desde las primeras clarinadas libertadoras al servicio de la nueva nacionalidad, al tal de que por sus afanes se le moteara: "el padre de la patria".

Tal era el afán de servicio que se convirtió en un viajero infatigable. De ahí su viaje a Chile, como arriero de San Martín, y sus incontables incursiones al campamento de Belgrano en Tucumán llevando hombres, mulas y vituallas.

Era, como vemos, un espíritu andariego Y por eso los trajines a que hubo de dedicarse doña Paula para sobrevivir a las necesidades hogareñas, descuidadas por su marido en sus servicios a la patria.

Y Sarmiento, bien lo sabemos, fue también un posesor de esa edad, insaciada jamás, de viajar, que le conocemos ya aun desempeñando la presidencia de la nación.

Hoy a Chile, mañana a Europa, de aquí nuevamente a la patria y luego su viaje a Norteamérica. Y sus no menos desconocidas excursiones al interior del país, entre las cuales Córdoba, que vieron Marge a sus bellísimas páginas recordativas y estampadas en sus obras.

De ahí que hayamos dicho que, así como sus virtudes y primeros rudimentos culturales los heredó y obtuvo de su santa y buena madre, no es menos verdad que Sarmiento ese espíritu andariego que lo animó hasta en los últimos días de su vida lo obtuvo atávicamente de su señor padre.

Y lo hacemos constar no solo como una reparación recordatoria de lo que han inexcusablemente olvidado los biógrafos del gran maestro, sino también el origen de una de las facetas de su compleja existencia y de la que él mismo se enorgullece: su acendrado e invencible amor a los viajes que le privó aquietarse largo tiempo en un paraje.

Fuente: Revista Policías y Comunas, septiembre de 1941.


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