El Fraude de la Piedra de Bat Creek
A veces son necesarios muchos años de estudios pacientes para que los problemas más complejos finalmente se aclaren. Sin embargo, el solo hecho de leer una antigua inscripción no siempre resuelve el caso; a menudo, la verdad se esconde detrás del motivo de quien talló las letras.
Un descubrimiento inesperado
A finales del siglo XIX, en un sitio arqueológico llamado Bat Creek, en Tennessee, se encontró una pequeña piedra grabada con caracteres de un alfabeto desconocido. Inicialmente, el hallazgo se atribuyó a la tribu Cherokee y fue enviada para su estudio al prestigioso Instituto Smithsoniano de Washington.
Pasaron casi cincuenta años antes de que alguien propusiera una interpretación radical. Un investigador llamado Joseph Mahan, al observar la pieza por primera vez, exclamó sorprendido: "¡Está de cabeza abajo! Esto es hebreo canaanita". Según su lectura, la inscripción rezaba: "Año uno de la era dorada de los judíos". En ese instante, se resolvió un misterio, pero se inició otro mucho mayor: ¿Cómo pudo llegar un mensaje del antiguo Israel al corazón de Tennessee?
La revelación del engaño
A pesar del entusiasmo de quienes buscaban pruebas de contactos transoceánicos antiguos, la ciencia moderna encontró la pieza que faltaba en el rompecabezas. Investigaciones posteriores revelaron que la piedra no era un vestigio arqueológico, sino un engaño deliberado realizado por su descubridor, John W. Emmert.
Emmert, presionado por la necesidad de mantener su empleo y demostrar resultados en sus excavaciones, decidió "crear" el hallazgo que sus superiores esperaban. En 1991, los investigadores Mary Kwas y Robert Mainfort aportaron la prueba definitiva: las marcas en la piedra eran una copia casi exacta de una inscripción que aparecía en un libro de referencia masónico de 1870. Este hallazgo desmintió cualquier conexión con el hebreo canaanita y demostró que Emmert la había tallado para asegurar su estabilidad laboral.
Un artefacto sin hogar
La historia de la Piedra de Bat Creek terminó por desacreditarse ante la falta de cualquier otra evidencia de alfabetos semíticos en la América precolombina. La comunidad científica concluyó unánimemente que se trataba de un fraude arqueológico.
A lo largo de los años, la piedra inició su propio peregrinaje:
- Estuvo en posesión del Museo de Historia Natural hasta el 2001.
- Fue cedida en préstamo al Museo McClung en Tennessee entre 2002 y 2013.
- En 2015, fue trasladada al Museo de los Cherokee en Carolina del Norte.
Sin embargo, el rastro actual de la piedra es tan esquivo como su origen. A principios de 2023, personal del museo indicaba no haber visto la pieza en años. Aunque la institución sigue siendo un destino imperdible para entender la cultura nativa, parece que la piedra que alguna vez pretendió cambiar la historia ha regresado, finalmente, al olvido de las vitrinas cerradas.
Reflexión: Revisitar estos temas nos recuerda que el deseo de creer puede ser más afilado que el cincel que talla la piedra.
Aclaración: Este artículo lo comencé para destacar las revistas que leíamos cuando niños, pero al tratar de confirmar la noticia, me encontré con el fraude o lo que en la actualidad trataríamos de "fake news". Dado que esta publicación es de los años ochenta —del siglo pasado—, la verificación de la fuente se limitó posiblemente a confirmar la existencia de un libro, pero en la actualidad, en la era de la información, quedaría al descubierto el fraude en solo unos instantes o una búsqueda, un recordatorio de la importancia de la verificación.
Fuentes: Cuadernillo CONOCER Y SABER. Ed. N.º 36 (Hechos increíbles. Investigados por Charles Berlitz), web AtlasObscura, Piedra de Bat Creek. Wikipedia.


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